Experiencias de Éxito: entrevista de Red EmprendeVerde (Fundación Biodiversidad) a Lucía Sáez (#QueseríaJaramera).

Quesería Jaramera, artesanía quesera con impacto ambiental positivo.

Lucía Sáez y Pedro Henares decidieron unir sus sueños y hobbies creando #QueseríaJaramera. Desde el principio han buscado cuidar cada detalle en la elaboración y el impacto de la producción de los quesos, logrando así un cambio de paradigma en la agroalimentación artesanal. Un sector tradicional como otros, sobre los que Lucía apunta que “el hecho de haber  el papel de la mujer de forma histórica en el mundo empresarial en general y del mundo rural en particular, hace que en el presente choque mucho el liderazgo femenino».

¿Cómo nace Quesería Jaramera? 

En Quesería Jaramera somos dos almas llevadas por el impulso de seguir lo que sabíamos que era nuestra vocación. En mi caso, el empujón lo conseguí tras una etapa muy mala de salud, viendo pasar los días. De esa dificultad encontré la energía para darle un vuelco total a mi vida y volver a cogerla con fuerza para dedicarme a algo en lo que creía verdaderamente. En el caso de Pedro, su deseo por volver a trabajar y vivir a un pueblo, tras su marcha a la ciudad por motivos laborales, fue suficiente para ponerse a ello. Nos conocimos en la Red Española de Queserías de Campo y Artesanas (QueRed), de la que éramos simpatizantes porque nos encantaba de siempre el queso y siempre quisimos apoyar las elaboraciones artesanales. Decidimos emprender el camino juntos en lugar de perseguir nuestro sueño por separado.

¿Qué os diferencia de otras queserías y qué impacto positivo tiene Quesería Jaramera en el sector de la alimentación? 

Quesería Jaramera ha nacido pensando en cada detalle. No queríamos ir cambiando sobre la marcha, sino que cada elemento del proyecto se basara en la sostenibilidad ambiental y la justicia social. Creo que eso marca la diferencia con un elaborador de queso cualquiera. Además, queríamos aportar al sector una visión que aunara modernidad y transición porque creemos que no está reñido: recuperar las tradiciones vinculadas con la producción agropecuaria en la meseta y abastecer de forma próxima a sus poblaciones sin dejar de aportar una nota innovadora a través de los formatos, los procesos de elaboración y las propuestas culinarias que realizamos. El Botón de queso es el ejemplo paradigmático de todo ello: un queso elaborado de principio a fin a mano, a partir de un volumen muy pequeño de leche de ovejas en pastoreo en Madrid, apto para colectivos diversos (personas celiacas, mujeres embarazadas y vegetarianos), laureado y delicioso con un formato realmente atractivo que evoca el origen de nuestro proyecto, la unión, a través del río Jarama, de nuestros caminos: Madrid (mi origen) y Guadalajara (la cuna de Pedro).

¿En qué otros proyectos estás implicada? 

La verdad es que estamos inmersos en muchos procesos colectivos de creación de redes y de proyectos ambiciosos. El que más sudor nos ha costado y del que estamos verdaderamente orgullosas es la cooperativa de servicios Madrid Km0 Centro Logístico. De la necesidad de profesionalizar toda nuestra logística de los pedidos y de otros pequeños proyectos productivos de la región, surgió la energía para poner en marcha este centro que ahora cuenta, a su vez, con dos proyectos para tejer redes de cooperación con otras regiones. En sus escasos dos años de vida ha generado hasta tres puestos de trabajo fijos y ha supuesto una solución logística para pequeñ@s productor@s, especialmente durante la pandemia. Tenemos la suerte de haber creado muchos lazos con otras entidades y muy pronto generaremos nuestro catálogo de venta Km0 para facilitar el acceso a nuestros productos a pequeñas tiendas, restaurantes y bares y para las casas madrileñas. Hemos tenido el honor, además, de representar a la cooperativa durante sus dos primeros años de vida en diversos foros vinculados con la agroecología. 

También estamos implicados desde el comienzo en la junta directiva de QueRed. Y, aunque va llegando el momento de dar relevo a sangre nueva, nos enorgullece haber podido prestar nuestro tiempo y energía a las luchas por la adaptación de la normativa a la realidad de las pequeñas producciones de lácteos en nuestro país y poniendo en valor los alimentos artesanos. 

Por otra parte, tenemos la suerte de estar ubicados en la Sierra Norte de Madrid, que cuenta con numerosos proyectos productivos y turísticos con gentes muy activas, dispuestas siempre a emprender aventuras. Trazamos líneas de cooperación de apoyo mutuo para que nuestro producto llegue hasta las mesas madrileñas, poniendo en valor el sector agroalimentario de la región. Y formamos parte de otras redes, como la comunidad del Mercado Social de Madrid, que es una comunidad de entidades proveedoras de bienes y servicios y de personas consumidoras que tenemos en común la defensa de los principios de la economía social y solidaria, la Red Agroecológica de Lavapiés y nuestra más firme apuesta por la banca ética a través de Fiare Banca Ética.

¿Cuáles han sido las claves para fortalecer y posicionar vuestros quesos como productos artesanos? 

Ante todo, ser sincer@s, transparentes, espontáne@s y vivir y contar cada elemento del proyecto como lo sentimos. Y, lo más importante, sin hacerle de menos. Sinceramente, creo que ponemos tanto en cada queso que elaboramos que hemos logrado un producto excelente, basado sin duda en el cuidado de los detalles y de las personas con las que interactuamos para, por ejemplo, proveernos de leche y todos los demás productos necesarios. Eso hace que sea un producto justo, inclusivo y delicioso. Hay días que nos coge el “síndrome del impostor” y no entendemos cómo hemos llegado aquí. Siendo honesta conmigo misma, hemos trabajado muchísimo y nos hemos dejado la piel para que nuestro Botón de queso, nuestra primera criatura, se mostrase al mundo y deslumbrara por sí sola. También creo que el haber trabajado en red, con muchas entidades y dedicando mucho tiempo a estar presentes en foros donde la gente quiere conocer y aprender qué y cómo se producen los alimentos nos ha ayudado a tener la oportunidad de que nos escuchen, nos conozcan y nos apoyen.

¿Consideras que en el mundo del emprendimiento ser mujer es tarea fácil? ¿Has encontrado una brecha de género en el sector de la quesería? 

El mundo del emprendimiento rural tiene muchas trabas, especialmente cuando tu origen es la ciudad y no cuentas con una base territorial. El hecho de ser mujer me ha condicionado en momentos puntuales, más vinculados con la relación con los ganaderos, por ejemplo. Creo que el hecho de haber invisibilizado el papel de la mujer de forma histórica en el mundo empresarial en general y del mundo rural en particular, hace que en el presente choque mucho el liderazgo femenino. Siempre he intentado quitarme los prejuicios de que iban a tratarme diferente para intentar una aproximación lo menor condicionada posible. Y me he llevado sorpresas de todo tipo, más buenas que malas. En todo caso, parte de la misión de Quesería Jaramera es mostrar un proyecto donde el género no marca nada, ni la brecha salarial ni el reparto de tareas. El trabajo se reparte por potencialidades y afinidad, y nos apoyamos en nuestros puntos débiles. Al tratarse de un trabajo físico, también ha sido un reto para ambos el salir de la rutina de oficina y entrar en una dinámica muy activa donde el cuerpo juega un papel muy importante. Pero todo es cuestión de trabajo, entrenamiento y perseverancia.

¿Consideras qué las mujeres están cogiendo protagonismo en el sector de la sostenibilidad?

No sabría calibrar si hay un sesgo de género muy marcado en este sentido. Sí veo un cambio de paradigma en las generaciones venideras y también en personas que vivieron en su tierna juventud la revolución industrial o más productivista, y que ahora se han quitado la venda de los ojos y miran de forma más crítica la sostenibilidad de su alimentación y de su consumo en general. Yo estudié biología y si algo tengo claro es que, cuanto más conoces del medio natural, de sus ciclos y sus fascinantes intrarrelaciones, más aprecias su preservación y honras su existencia. Quizá esa sea la clave: seguir incidiendo en la educación ambiental como motor del cambio y apuesta de futuro.

¿Por qué crees que es necesario trabajar en red y aliarse con otras emprendedoras?

A bote pronto, me sale responder que porque somos animales sociales y necesitamos del prójimo. Pero va más allá. El trabajo conjunto entre dos o más personas es infinitamente más gratificante y próspero que el que cabría esperar de la suma del mismo de forma separada, y no es una forma de hablar. El trabajo en red estimula la creatividad, potencia los elementos fuertes de cada persona, apoya las debilidades y permite soñar más a lo grande para crear mundos inimaginables. Para nosotr@s, además, ha sido un aporte increíble, porque nos ha ayudado a salir de nuestro microproyecto de dos para relacionarnos y aprender de mucha más gente, sentirnos más acompañadas para lo bueno y lo malo. Y, ante todo, divertirnos más en cada aventura nueva que emprendemos. Y es que juntas somos más fuertes.

Referencias::

Artículo original:

https://www.redemprendeverde.es/pg/entrevistas/

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Call Now Button
×